Tradiciones

Cucaracho, ¡una familia, una tradición!

Por Lisandro Mesa O.


Familia Molina (años 40)

Medellín es una de esas ciudades de Colombia donde parece que el ambiente cambia con las diferentes épocas del año y en verdad este cambio es perceptible en la temporada decembrina de fin de año, cuando a los días calurosos de verano; se les suma los colores de la navidad en el comercio y en las residencias, el ritmo musical caribeño de notas jolgorias se impone, el aroma a buñuelos y a postre de natilla se percibe por todos lados, los villancicos al niño Jesús se imponen al caer de la tarde, las luces múltiples se encienden y tornan distinta la oscuridad de las noches, las personas traen consigo una sonrisa dibujada de lado a lado; pareciera que nada ni nadie escapa a las tradiciones y todo se confabula para celebrar la natividad del Señor; en cuanto al firmamento, este no podía pasar inadvertido y es por eso que su tono azulado se ve engalanado por múltiples formas multicolores que suben a merced del viento, juguetean y luego caen o desaparecen a lo lejos entre nubes o montañas; son los ¡GLOBOS!, compañeros que transmiten entusiasmo, alegría y asombro para cualquier ser que les vea desde la tierra; esta tradición aunque disminuida en estos tiempos por el ritmo vertiginoso de nuestra vida, aun se conserva y aunque no en la cantidad de otros tiempos; todavía se logra distinguir uno que otro globo en el cielo que logra ocupar un espacio especial entre las nuevas generaciones (que anda ocupada con lo último en tecnología) sin embargo ellos le abren campo y se dejan atrapar por su encanto.

Pues bien, toda esa parrafada era para decirles que uno de los lugares que aún conserva esta hermosa tradición a pesar del tiempo, es el pedazo de falda llamado El Cucaracho, ¡CUCARACHO!...¡mire usted qué nombre!, como exclamó Don Tomas Carrasquilla al referirse a este barrio del occidente de Medellín en un capitulo entero de su novela costumbrista Frutos de Mi Tierra; esta se publico en 1896, pero 78 años antes, es decir en el año de 1.818 (todavía no se libraba la Batalla de Boyacá que libraría a Colombia de la reconquista española) ya se tenia noticia de un punto en el camino que de Aná (Medellín) conducía para Santa Fe de Antioquia (la ciudad madre), al que denominaban el llamado Cucaracho.

  

En este tranquilo y placido lugar se asentó la Familia Molina en el año de 1886 como se constata en el archivo histórico de Medellín y con ellos se dio inicio a la vida social del sector y entre sus muchas tradiciones incorporaron la de los globos y al pasar de las épocas se cultivo el amor por esta práctica ancestral cuyo resultado es la variedad de formas que hoy poseen sus descendientes que en su mayoría conforman el barrio, estos se maravillan con los globos tradicionales: la caja, el cojín y el trompo; además de la imponencia del gorro del obispo que impresiona por sus puntas hacia arriba, el ataúd por el significado de la muerte del año viejo, el tambor por la simplicidad del corte, el tabaco por su originalidad, la custodia por su laboriosidad, la cruz porque nunca pasa inadvertida, el zeppelín por su ingenio y belleza para surcar el espacio, en fin nos podríamos quedar elaborando una lista interminable pasando por el antiguo globo de fruncidera, hasta el escudo del Atlético Nacional y no terminaríamos, porque la enumeración termina cuando se acabe nuestra imaginación; pues bien, no creo que esta sea solo una historia, mi historia, sino la de casi todos los globeros que lo son por tradición y lo hemos heredado por nuestros padres y abuelos; y sino lo es así, lo aseguro al menos por mi ciudad Medellín; la verdad esta es una metrópoli globera por excelencia y personalmente he observado globos y admiro mucho los de San Javier, San Cristóbal, El Poblado Loma de Los González, Pajarito y Buenos Aires, y no me cansaré de contemplarlos por su esmero. A todos los globeros y aficionados del tema les tengo que decir muchas gracias por su aporte.

  

  
Familia Molina (diciembre 2004)

Y aprovecho para recordar aquella locución latina que dice: “Age, libértate decembri… útere” (Anda, aprovéchate de la libertad de diciembre) y que fue exclamada por Quinto Horacio Flacco al dirigirse a su esclavo (Sátiras 11,7,5). En las saturnales de diciembre los esclavos disfrutaban de cierta libertad. ¡Que bella es la navidad y que buena es la libertad!.

Al momento de finalizar este artículo me llega una notificación de que el barrio El Cucaracho tiene que desaparecer para dar paso a una vía. Tal vez así es que se borran las tradiciones de un pueblo con el mal llamado progreso. Lo de la desaparición del barrio es un proceso que empezó en el año 1999 e inmediatamente nos dimos en la pelea. En el año 2002 el periódico "El Colombiano" publicó una reseña sobre esto y aunque la última notificación de esta semana es clara en que la vía debe de hacerse prevaleciendo el interés común sobre el particular, no desfallecemos y tratamos aún de lograr el imposible, que una vía no arrase la identidad cultural de un pueblo, vital para historia y sus registros y sin la cual el conocimiento no progresaría y el olvido se levantaría como el más arrogante enemigo de la verdad, como lo dijo Pedro Nel Yarce.